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Comprar un proyecto de auto

Ciertamente usted es una de esas personas que gustan de los autos modificados, posiblemente autos clásicos que proyectan su personalidad y tal vez le ha pasado por la cabeza el hacerse a un auto “viejito” para restaurarlo, modificarlo a su gusto y, como resultado, tener un auto único… Siendo así, con éste artículo queremos presentarle unas consideraciones dignas de tener en cuenta a la hora de meterse en el amado, pero a veces peligroso, mar de la restauración y modificación de autos con más de 10 años de antigüedad.

Autor: Fernan Castillo
marzo de 2009

Para comenzar, es necesario homogeneizar algunos términos:

Primero, al referirnos a RESTAURAR un auto, hablamos de renovar un auto que ha perdido sus condiciones técnicas, mecánicas y estéticas por efecto del uso del mismo, posiblemente desmesurado, abusivo, o simplemente dejadez. Al decir “lo vamos a restaurar”, estamos refiriéndonos a tomarlo del estado en que se encuentra -ciertamente malo, o al menos, no el mejor- y dejarlo nuevamente como si acabara de salir del concesionario: todos los repuestos originales, todas sus condiciones estéticas y mecánicas tal como se describen en el catálogo del mismo, y en algunas ocasiones, aprovechar el proceso para mejorar acabados o tolerancias de algunas piezas para dejarlas como si fuera un auto producido con los estándares actuales.

Ahora, al referirnos a MODIFICAR un auto, partimos de la premisa que éste se encuentra en buen estado técnico, mecánico y estético, y de él partimos para hacer adiciones o remociones del auto para dejarlo con ese estilo único que buscamos.

Así pues, surge la primera disyuntiva en éste ámbito, y es: Si tomo un auto viejo, vuelto pedazos, y lo dejo como nuevo pero modificado, ¿lo estoy restaurando?.

Obviamente ésta simple pregunta genera todo tipo de discusiones en los clubes de autos antiguos y clásicos. Para el efecto, nosotros partiremos del siguiente razonamiento: Si para modificar un auto necesito volverlo a traer a la vida, sea completamente, o sea sólo en ciertos componentes (carrocería, motor, etc.) y luego de tenerlo en un estado general aceptable, comienzo a modificarlo… ¿no estoy haciendo ambas cosas?

Claro, en éste caso, el asunto es que el proceso de restauración no termina en el armado final (bocelería, y demás) sino que se considera terminado en un punto intermedio, donde se tiene el auto en el estado en que se podría continuar un proceso completo de restauración, o se puede simplemente preferir cambiar algunas cosas para dejarlo con un estilo propio.

Ahora, en todo éste proceso, quien lo haya vivido, habrá aprendido montones, habrá gastado montones y, una de dos: habrá terminado con una de las cosas más satisfactorias de su vida, o habrá desistido.

Para evitar la última alternativa (desistir) queremos compartir con ustedes, nuestros respetados lectores, una visión general y unas consideraciones de la “vaca-loca” de los autos restaurados y modificados. Consideraciones que hacemos desde el conocimiento del proceso dado por S.Customs, un taller de restauración, modificación y fabricación de autos artesanales en Bogotá.

¿Por qué buscamos los autos “viejitos”?

Actualmente, debido a las restricciones que se han venido dando para el uso de vehículos particulares, hay quienes optan por buscar un “auto baratico para hacerle el quite al pico y placa”. Esto, en algunas ocasiones lleva a buscar un auto con no más de 10 años de antigüedad, que se encuentre en buen estado mecánico y listo, no es más… a ellos, los felicitamos por su practicidad y sensatez. Honestamente.

Pero en otros casos, ya teniendo un auto “de semana”, estamos los fanáticos de los autos, a quienes el pico y placa nos da la oportunidad (oficialmente ante nuestras novias, esposas o hijos) de conseguirnos un auto que haga las veces de “amante” y nos mantenga ocupados, a quien le invertimos más que a nosotros mismos como si se tratara de un hijo más…

-Si. Sabemos que al leer esto seguramente usted se estará sintiendo identificado en cierto modo, y de corazón le decimos que compartimos su pasión-

Cuando nos metemos en ésta pasión, es tal cual como estar enamorados, nos enceguece la posibilidad de tener un auto que todos envidien, dejamos de almorzar porque hay que escoger entre comida o repuestos, y en más de una ocasión gana la segunda alternativa; siempre hay algo más para ofrecerle a nuestro auto, la zona de venta de repuestos se vuelve nuestro lugar más frecuentado, comenzamos a reconocer los tornillos, boceles, tapizados… vemos los rines de todos los autos similares y así sucesivamente. Enamorados, enamorados… al punto que empezamos a decir “mi auto” al que seguramente ni siquiera ha salido una vez a la calle.

Pero, ¡un momento! ése enamoramiento -y como dicen, “el amor es ciego”- nos lleva en ocasiones a perder el sentido realmente, y desafortunadamente, hay quienes se aprovechan de la ignorancia (talleres deshonestos) y a veces, debido a la gran cantidad de dinero, esfuerzo y amor metido sin lograr un resultado, se llega al trágico desistimiento.

¿Qué tenemos que considerar entonces antes de comenzar un proyecto, y qué tenemos que evitar?

Cuando un buen negocio no lo es tanto…

Lo primero es saber que cualquier auto “viejo” resultará a mediano plazo mucho más costoso que un auto nuevo. No importa qué auto sea, o qué tan viejo, sin duda será más caro que su sucesor o competencia actual, manteniendo la misma gama y nivel. Eso hay que reconocerlo, asimilarlo y entenderlo bien.

¿Por qué?

Porque no importa si uno mismo es mecánico de autos, latonero, pintor y tapicero; la inversión efectiva en repuestos, tiempo y descubrimientos desagradables en un proceso de restauración, siempre será mayor al precio de venta de un auto nuevo o de poco uso que satisfaga la necesidad de movilidad.

Pero nosotros no vamos realmente por la movilidad, ¡vamos por lo único! Hagamos entonces una pequeña lista de consideraciones básicas a tener en cuenta rápidamente al comprar un auto viejo para restaurar y/o modificar:

Carrocería:

Si la intensión es tener un auto realmente llamativo del cual enamorarse, lo primero que hay que mirar es la carrocería; en el proceso de restauración, la línea del auto es lo más valioso. Hay entonces que revisar si las puertas, baúl y capó cierran sin forzarlas, los espacios entre pieza y pieza de carrocería (luces) son parejos, si no tiene estrelladas fuertes que hayan comprometido la estructura del auto así ya hayan sido latoneadas, que no haya partes podridas (bombas de los guardabarros, estribos y pisos), y aunque suene extremo, hay que revisar que la carrocería no esté rota por sobreesfuerzos, sea de arrancadas o de carga. Hay autos en los que uno ve el techo desprendido o una parte del auto donde se sostienen los amortiguadores rasgada; esto desdice mucho del cuidado con el que el auto era tratado.

También hay que saber que, aunque no lo parezca, la latonería y la pintura son el proceso más costoso de la restauración de un auto, es lo que más tiempo lleva, y es lo que más desagrados puede dejar si es hecho en un taller donde no se dedican profesionalmente. Un taller donde refaccionan colisiones (saca-tocos o magos) casi nunca es un taller donde puedan restaurar un auto, pues el estándar de velocidad con el que trabajan no es el requerido para éste proceso, y más de uno habrá pasado por el desagrado de escuchar decir al latonero “yo ya estoy perdiendo con éste carro” o “eso así queda bien” cuando uno sabe que no es así.

Mecánica:

Ya pasando por la primera revisada de carrocería, lo siguiente en importancia es la mecánica. Es ideal cuando uno puede comprar un auto que ya haya pasado oficialmente una revisión técnico-mecánica, pero cuando compramos autos que llevan “arrumados” dos, tres o más años, eso no sucede. Así pues, sería prudente ver si el auto enciende, si el sistema eléctrico no tiene remiendos notoriamente mal hechos, si el sistema de refrigeración funciona correctamente, y si la caja no tiene saltos o dificultades, si los ejes o la transmisión no están fisurados, rotos o adaptados.

Con el pasar del tiempo, uno se da cuenta que la reparación de un motor es tal vez lo más fácil de solucionar con el dinero suficiente en un taller confiable, pero el resto de cosas mencionadas pueden costarle a uno varadas (siempre inoportunas) y reparaciones de relativamente poco dinero, pero con tanta frecuencia que se convierten en una pesadilla financiera.

Tapicería:

En verdad es algo que no necesariamente se debe considerar, pero cabe mencionarlo debido a que en el futuro será uno de los atractivos con los que más se interactúa. Así pues, no es de alta prioridad revisar que el tapizado esté limpio y huela bien, porque seguramente lo terminará cambiando, sino que las estructuras de las sillas sean las originales, estén completas y en buen estado, o bien, sean aquellas que usted también querría tener en su auto cuando lo termine. Un tapizado bien hecho puede costar mucho dinero, pero si hay que hacer de nuevo las estructuras de las sillas, o conseguirlas de otro auto, puede ser traumático.

En nuestros próximos artículos detallaremos más la injerencia de cada uno de éstos aspectos en el proceso de restauración y modificación de los autos que nos trasnochan. Mientras tanto, y aunque puede sonar trillado y redundante, si piensa comprar un auto para convertirlo en su sueño hecho realidad, busque alguien que sea de su entera confianza, que tenga o haya tenido ese auto y que lo pueda ayudar a seleccionar uno bueno. No se deje llevar por un enamoramiento de primera ojeada y recuerde que será una inversión grande aún si la inicial no lo es tanto.

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